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Mostrando las entradas etiquetadas como verano

EL CABALLERO DE LAS NUBES

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Era Rodrigo un niño aventurero. En las tardes veraniegas de un noble pueblo castellano, recorría, en su vieja bicicleta roja, los parajes tostados por el sol, que rodeaban la casa de sus abuelos. Imaginaba, que Babieca, así llamaba a su fiel amiga, era un hermoso caballo negro, que le ayudaba a subir la empinada colina que conducía al derruido castillo, donde hallaba siempre algún motivo para la aventura. Según contaba el abuelo Martín, el Cid paseaba por aquellas laderas ya que fue el señor de aquella fortaleza. Solemnemente, el muchacho bajaba de su compañera de viaje, entraba junto a ella al patio de armas a través de un descolorido arco de herradura y  la dejaba reposar en un muro. En un escalón, cerca de una ventana, Rodrigo, mientras merendaba, oteaba los infinitos campos de trigo y el serpenteante río flanqueado por chopos y sauces. Después escogía un rincón sombrío y se tumbaba. Miraba al cielo, lo observaba. Admiraba el vuelo de los milanos y de los buitres. La...

FEVER

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L a estación estival invita al ser humano a caer en la tentación de los placeres. La noche se convierte en un peligroso embrujo en el que la luna ejerce su perfumada atracción, felinas miradas brillantes en cualquier rincón que provocan un excitante magnetismo, sigilosos pasos de pantera invisibles que atrapan suavemente a sus inocentes victimas, inflamándolas, surgiendo en sus cuerpos llamas, fuego...FIEBRE en su piel. Julia se disponía a salir esa noche...le esperaban unas horas de desenfrenada fiesta en una afamada discoteca de la ciudad...baile, risas y alguna que otra copa y quien sabe si algo más..."Cosas del destino", pensó. Una mínima falda de piel negra, camiseta sugerente que moldeaba sus curvas, unos impresionantes tacones calzados en unas botas de caña alta que convertían sus piernas en interminables y una negra melena de aspecto felino que combinaba con un maquillaje impactante que intensificaba sus ojos de gata, eran sus señas de identi...

EL DESEO DE UN DIA DE VERANO

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Nuestro encuentro se produjo en un día cálido de julio, en una ciudad de la costa mediterránea. Me esperabas alrededor de las once en la estación de ferrocarril....esa era la hora aproximada de la llegada de mi tren que procedía de Madrid. Mi asiento se encontraba al lado de una de las ventanillas del vagón en el que viajaba, lo que me permitió observarte mientras aguardabas mi llegada. Llevabas un pantalón de lino y una camisa tipo oriental en tonos claros...parecía un vestuario cómodo y ligero para el calor húmedo que se sentía en el ambiente. Ese vestuario resaltaba tu tono bronceado y tu mirada color ámbar. Mirabas con curiosidad los compartimentos con el fin de adivinar en dónde podría estar, a la vez que hojeabas la prensa del día. De repente, antes de descender del tren, nuestras miradas se encontraron a través del cristal....el solo hecho de perderme en tus pupilas, me produjo una eléctrica descarga en todo mi cuer...